martes, enero 25, 2005
Funfu
En determinados momentos me dá por tartamudear. En otros no puedo resistir la tentación de resquebrajar. A veces se me da por cacarear si es que no me pinta parpadear. Y claro, no son pocas las ocasiones en que lo único que parece valer la pena es balbucear. Pero entre todas estas cosas hay una que nunca podría abandonar: no hay placer más grande que el de refunfuñar.
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